Los hijos que nacen de la lluvia

La muerte del taxista Toledo en la ciudad de Ushuaia, a comienzos del mes de mayo de 2010 generó una gigantesca reacción en reclamo de Seguridad.

Promovida por el transporte público de pasajeros se paralizó el servicio de taxis, remises y colectivos y se cortó la ciudad de tal modo que fue imposible transitarla.

Una movilización con millares de personas reclamaban por el taxista muerto, mayor presencia de personal de seguridad, intervención de fuerzas federales, controles a pasajeros y habitantes y las sospechas dirigidas –como siempre- hacia los que se encuentran viviendo en los asentamientos irregulares, los barrios no reconocidos y que tanto irritan a la vieja Ushuaia.

"El Diario del Fin del Mundo", tapas. Mayo de 2010

En las sucesivas reuniones que se mantuvieron en Gobierno, entre funcionarios provinciales, municipales, policía, propietarios de taxis, choferes, remises, cámaras empresariales y legisladores, resultó notable la definición de un enemigo desconocido, que acecha, que encarna el mal llegado del cielo, del infierno o de otro lugar. El discurso de los taxistas, atravesados por el dolor de la muerte del colega, ponían en un  “otro” que nada tiene que ver con nuestra sociedad, el crimen, el robo o el delito.

Así se hablaba de “los jóvenes”, se hablaba de la gente de “El Escondido” (uno de los barrios de la montaña), de los “recién llegados”.

Entonces el discurso se repite: “Los jóvenes se drogan”, “son borrachos”, “no tienen futuro”, “los asentamientos son aguantaderos”, “están llenos de delincuentes”…

El delito, en ningún caso, era hijo de nuestra sociedad, producto de nuestra comunidad. Los hijos, nuestros hijos, parecen en el discurso nacidos después de la lluvia, hongos, fenómenos, por generación espontánea.  Los “pibes” parecen, en el discurso, hijos de la nada. No tienen ni tuvieron mayores, no tuvieron modelos, no tuvieron padres.

Los nuevos pobladores son sospechosos de las peores intenciones y sólo el paso del tiempo los puede ubicar en un lugar de respetabilidad que ya ostentan los que llevan más años de residencia, pero que también fueron (fuimos) migrantes.

Entonces el reclamo es más presencia uniformada para que pongan orden. Porque pueden ser policías, pero también sugirieron que si es gendarmería “mejor” y si podemos pedirle a la Federal y a Prefectura que patrulle, entonces “más seguros nos vamos a sentir”. La sociedad de Ushuaia quiere una ciudad sitiada y ordenada.

Pero si hay que poner orden, entonces quiere decir que hay desorden. ¿Desde cuándo? ¿Quién desordenó qué cosa?

Este discurso tuvo su correlato en los primeros gobiernos de la provincia, en la década del 90 con la conformación de la policía provincial, con una participación activa en la represión frente a reclamos sociales y el saldo triste del primer muerto en democracia “Víctor Choque”. Le siguió el gobierno de Manfredotti, menemista tardío y su policía militarizada antimotines, su compra de pertrechos, hidrantes y cursos de represión. Reprimieron  dentro de escuelas y dentro del hospital público. Sin límites. La policía creía que estaba preparada para educar a los chicos en la calle y lo hacía a los golpes, creía que estaba habilitada para gasear y tirar balas de goma o de plomo a las manifestaciones y protestas y lo hacía. Las internas en el poder eran corrientes y lo fueron también en la policía con la concentración de la fuerza pública. Estaba un poco corrido el eje y gran parte de la población sigue alimentando esa línea de pensamiento.

Es este discurso el que permite que funcione en la ciudad una cooperativa contratada por el Municipio para impedir el ingreso de materiales a los barrios no reconocidos por el intendente radical Federico Sciurano, la misma cooperativa que está habilitada por el poder político para desarmar casillas. Una cooperativa que actúa para controlar los asentamientos, como guardiacárceles. Un panóptico de la precariedad.

Caseta de seguridad en los barrios para evitar el ingreso de materiales, realizar control y desarme

Y se piden más controles, más cámaras, más casetas de vigilancia. Controles por todos lados sobre todo aquello que no se pensó, que no se previó, que no se planificó. Sobre lo que se descontroló.

Sobre los hijos, los barrios, las casas, sobre los forasteros latinoamericanos, los habitantes con portación de cara.

La policía en los últimos años se cuidó de no reprimir, no hubo heridos como consecuencia de las más violentas manifestaciones que recuerde, es posible retomar un contacto más razonable con el uniformado y aunque nos medimos con desconfianza, podemos relacionarnos desde un lugar de respeto. Es un buen comienzo.

Mientras se fomenta esto, la población les pide que repriman, que indaguen, que busquen, que sospechen todo el tiempo, que son blandos, que perdieron autoridad.

Es hora de que en Tierra del Fuego nos hagamos cargo de la sociedad que construimos.

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Acerca de Verónica De María

Legisladora Provincial 2007-2011
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